Safaris humanos y pornoturismo

Las buenas prácticas turísticas tienen un mandamiento principal: interactuar en el destino dejando la menor huella negativa posible, ya sea a nivel social, histórico, ecológico, económico o cualquier otro. A pesar de que la mayoría de viajeros actúa de esa forma, los turistas depravados que no respetan ese criterio se convierten en una lacra que no aporta ningún beneficio al destino visitado.
 
En este apartado se incluyen algunos extranjeros  que visitan la tribu de los Bonda, en la región de Orissa, en India (aclaración importante: sólo nos referimos a los pornoturistas, no a viajeros con buenas intenciones). Ciertos touroperadores locales -tan faltos de moral como sus clientes- están publicitando la excursión sin incidir en cualquier atractivo étnico-sociológico, que los Bonda pueden ofrecer a montones, sino recalcando la posibilidad de observar a sus mujeres con escasos ropajes o realizando sus tareas habituales desnudas, incluso sugiriendo veladamente la opción de fotografiarlas. Si no hay duda de que ésto es ya de por sí moralmente criticable, desde 1989 es incluso ilegal, ya que se prohibió la visita a las aldeas Bonda excepto en días de mercado, precisamente para evitar esos safaris fotográficos a la caza de sus desnudos.
 
En las islas Andaman, también en India, se realizan “human safaris” a la región de los Jarawa, tribu que no usa apenas ropas, donde algunas mujeres son obligadas a danzar a cambio de comida.
 
La lista de tribus agraviadas puede ser exhaustiva -incluyendo actos delictivos, prostitución…-, pero no necesito añadir más ejemplos para ilustrar mi repulsa. Me pregunto cómo se sienten esos turistas, no sólo partícipes sino inductores de situaciones tan lamentables, que hacen de las personas que forman esas etnias meros objetivos de sus cámaras fotógraficas y sus ansias pornoturistas.
 
La noticia en los medios ingleses:

Imagen propiedad de otabi

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